Aquel 1º de mayo en que los obreros desafiaron a la dictadura

Policías de civil ingresan al patio de una casa, sobre la calle Colón a manifestantes que buscaron refugio el 1º de mayo de 1986. Foto: Archivo ÚHAquel 1º de mayo de 1986, el Día Internacional de los Trabajadores iba a resultar radicalmente diferente. La tensión se sentía en el aire, especialmente en las calles de Asunción. El particular feriado, que generalmente se celebraba con fiestas y asados en diversos sitios laborales, apuntaba a ser una jornada de lucha y resistencia contra la dictadura stronista, que entonces llevaba ya 32 años en el poder. También se presagiaba una dura y salvaje represión.

Hacía apenas un año que el movimiento de los trabajadores había logrado dar un importante salto, recuperándose de varias décadas de persecución y casi extinción del sindicalismo independiente, desde que la dictadura había ido encarcelando, desterrando o asesinando a muchos de los líderes, controlando la mayoría de las organizaciones, especialmente la principal central obrera, la Confederación Paraguaya de Trabajadores (CPT), que había sido convertida en una seccional del Partido Colorado.

Justamente, en otro Día de los Trabajadores, el 1 de mayo de 1985, se creó el Movimiento Intersindical de Trabajadores (MIT), integrado por el Sindicato de Trabajadores de la Construcción (SINATRAC), Sindicato Nacional de Obreros Metalúrgicos y Afines (SINOMA), Centro Paraguayo de Teatro (CEPATE), Federación de Trabajadores Bancarios del Paraguay (FETRABAN), Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP), Coordinación Nacional de Trabajadores (CNT), Organización de Trabajadores de la Educación del Paraguay (OTEP), Sindicato de Trabajadores Sociales (STS) y una Agrupación de Trabajadores Gráficos.
“Las reuniones se realizaban en forma discreta, casi clandestina, hasta que se decidió salir a la luz pública el 1º de mayo de 1985, justamente para evitar darle a la dictadura la excusa de clandestinidad para reprimir al MIT. A partir de ahí, la organización empezó a contactar con los más diversos sectores de trabajadores urbanos y campesinos. El siguiente hecho político importante fue el 1 de mayo de 1986 cuando, por primera vez en varias décadas, el movimiento obrero volvió a tomar las calles. Las movilizaciones de la oposición, de Clínicas y otras, la precedieron. “Las represiones eran infaltables”, recuerda el dirigente Víctor Báez Mosqueira, entonces secretario general de la FETRABAN.

La movilización frente al Colegio Cristo Rey

En la mañana de aquel 1 de mayo de 1986, el MIT pensaba realizar un acto en la Plaza Italia, luego de una misa en la parroquia Cristo Rey, junto al colegio del mismo nombre, en Asunción, en celebración del Día Internacional de los Trabajadores.

El templo se encontraba lleno, con una fuerte presencia de trabajadores y médicos del Hospital de Clínicas –que venían realizando una serie de manifestaciones, exigiendo aumentos salariales y más recursos, y habían padecido una fuerte represión-, sindicalistas de gremios independientes, movimientos juveniles contestatarios y dirigentes de partidos políticos de la oposición.
Policías uniformados y de civil rodeaban los accesos a la iglesia, especialmente en la esquina de las calles Colón y 25 de diciembre, donde el tránsito fue cortado.

“La misa permitió que mucha gente se congregara en el templo. Al finalizar, se improvisó un acto en la explanada de la iglesia”, recuerda la sindicalista Sonia Aquino, quien en la época era una de las principales dirigentes del SEOC, también integrante del MIT.

“Al término del improvisado acto, nos propusimos realizar una marcha. La Policía esperaba que marcháramos sobre la avenida Rodríguez de Francia, rumbo a la Plaza Italia, pero giramos sobre la calle Colón y logramos subir solo media cuadra, hasta cerca de la avenida Carlos Antonio López”, narra Sonia.
En un momento, un enorme auto oscuro se detuvo en una esquina, como si alguien observara desde el interior, a la distancia. Varios de los manifestantes dijeron que era el propio dictador, el general Alfredo Stroessner, quien había llegado para ver de cerca el tamaño de la manifestación y luego ordenar la represión.

“Durante el acto, pasó un auto, según muchos con Stroessner adentro. La gente corrió a las murallas a gritarle: ‘¡Asesino…!'”, memora Sonia Aquino.

Una fuerte barrera policial cerró el paso a los manifestantes, seguido por un carro hidrante. “Aún no terminaba de salir la gente del patio de la iglesia cuando, desde atrás, se colocó otro contingente policial y nos hicieron un sándwich”, destaca la dirigente.

Los asistentes coreaban cantos y consignas contra la dictadura, cuando se desató la represión. Primero dispararon proyectiles de gases lacrimógenos entre la multitud, un método de represión que entonces no era muy conocido, y muchos manifestantes no pudieron reaccionar en seguida.

“Empezaron a tirar los gases lacrimógenos. Era la primera vez, luego de la huelga general del 58, que los trabajadores salían a la calle un primero de mayo, y nunca antes nos habían reprimido con gases. En la primera fila estaba Víctor Báez Mosqueira (principal dirigente del MIT) con otros, y cuando cayeron los primeros gases, al ver los cartuchos cilíndricos, Víctor dijo: “¡Nos tiran con latitas de cerveza…!”, relata Sonia.

En seguida, los policías avanzaron y empezaron a golpear a los manifestantes con garrotes y cachiporras. Fue una de las represiones más violentas contra una manifestación opositora en la década de los 80.
Un manifestante caído es atacado por policías de civil del stronismo, en el patio de una casa particular frente al Cristo Rey.

Entre los asistentes había mujeres y niños, que gritaban y lloraban aterrorizados. Muchos manifestantes buscaron refugio en las casas vecinas, pero igual fueron perseguidos hasta el interior por los garroteros, y golpeados sin piedad. Varios manifestantes acabaron heridos y muchos otros fueron detenidos.

Una larga historia de lucha sindical

Cuando asumió el poder en 1954, al igual que a una oposición política casi inexistente, el general Alfredo Stroessner también encontró a los gremios y movimientos sociales muy debilitados.

El sector que más le preocupaba era el de la Confederación Paraguaya de Trabajadores (CPT), la principal central obrera, que, aunque estaba manejada por algunos dirigentes del Partido Colorado, mantenía posturas críticas ante el régimen.

“Fundada el 15 de julio de 1951, la CPT nucleó a trabajadores de todas las corrientes políticas y doctrinarias. Pero si bien existía una fuerte influencia sobre la central de militantes del Partido Comunista Paraguayo, del Partido Revolucionario Febrerista y de activistas social-cristianos, tenían un peso predominante las fracciones del Partido Colorado”, destaca el sociólogo e investigador Roberto Céspedes.

En 1957, Stroessner inició una fuerte purga de la dirigencia obrera de la CPT. Los miembros de la central habían realizado el Quinto Congreso Obrero del 22 al 28 de agosto, donde propusieron la reelección del general Stroessner a la presidencia de la República, pero también decidieron exigir un aumento salarial al Gobierno y acordaron varias medidas de presión para reclamarlo. La reacción oficial fue descabezar a la organización, persiguiendo a algunos de sus principales dirigentes, como Heriberto Berganza y Julio Etcheverry, que finalmente marcharon al exilio en la Argentina.

Pero el conflicto no terminó. Un año después, con respaldo de grupos de estudiantes, la CPT convocó a una huelga general para el 27 de agosto de 1958.

La CPT reclamaba un aumento salarial de 50% de aumento, que el Gobierno había rechazado, concediendo 5%. En la asamblea, alrededor de 4.000 trabajadores ratificaron la convocatoria a una huelga general “por tiempo indefinido”.

Según el investigador Roberto Céspedes, la huelga del 58 tuvo el siguiente escenario:
-“Los activistas comunistas y febreristas vieron en la movilización la posibilidad de provocar un cambio político.
-Los colorados “mendez-fleitístas” pensaron que había llegado el momento de poner fin al Gobierno de Stroessner. De ahí que su líder, Epifanio Méndez Fleitas, mantuviera en el exilio una entrevista con dirigentes de la CPT, a quienes apoyara en su iniciativa.
-Fracciones del oficialismo colorado también demostraron simpatías por el movimiento, pues había una pugna interna: Stroessner planteaba realizar cambios en el gabinete, que consistirían esencialmente en aumentar la presencia de militares en el Gobierno, a costa de los dirigentes del Partido Colorado. Por eso, el ministro Ezequiel González Alsina se mostraba más bien simpático que hostil a la medida programada. Hay elementos suficientes que confirman que la huelga fue alentada por sectores del oficialismo colorado”.

La primera gran huelga contra Stroessner

La CPT tenía en entonces alrededor de 300 sindicatos afiliados, entre los que se destacaban por su fuerza y arrastre la Liga de Obreros Marítimos, los sindicatos de las tanineras, los ferrocarrileros y los de los frigoríficos.

Así describe Roberto Céspedes la fuerza obrera de entonces:
-“La Liga de Obreros Marítimos, LOM, era poderosa, pues prácticamente todo el comercio exterior, ventas y compras, se hacía a través del río Paraguay, por lo que existía una amplia flota, que empleaba a miles de trabajadores. Además, por su propia actividad, los trabajadores de la LOM tenían permanentes contactos con dirigentes obreros extranjeros y con exiliados paraguayos, lo que les daba un nivel de consciencia diferente, más amplio y elevado. Contaba con 32 sindicatos; Florentín López, afiliado a la LOM, fue secretario general de la CPT por cuatro períodos consecutivos, desde su fundación en 1951 hasta el 5° Congreso Obrero de 1957.

-Las tanineras Puerto Casado, Puerto Sastre, Puerto Pinazco y Puerto Guaraní, por su parte, estaban aún operando con fuerza, constituyendo una de las actividades de exportación más importantes de la época. Ubicadas en el Chaco, en una posición geográfica relativamente aislada, sus trabajadores, sin embargo, presentaban varias ventajas: alta combatividad, construida a lo largo de una experiencia de décadas de lucha, y un elevado nivel de consciencia, ya proveniente de la propia composición de la colectividad, ya derivada de los permanentes trabajos de capacitación que habían realizado y realizaban con cierta sistematicidad los anarquistas, los comunistas y los febreristas, a lo que hay que añadir el efecto positivo de los contactos frecuentes con los trabajadores de la LOM. Los cuatro sindicatos vinculados a la explotación del tanino estaban sólidamente organizados”.

El Gobierno intentó desactivar la huelga. Tras un fracaso en la negociación que intentó César Garay, del Ministerio de Justicia y Trabajo, el propio presidente Alfredo Stroessner convocó a los dirigentes de la CPT a la residencia presidencial de Mburucicha Róga, la noche antes del inicio de la huelga.

El diálogo que el general presidente mantuvo con los sindicalistas es recogido por Roberto Paredes y vale la pena ser reproducido, por sus detalles pintorescos:

“Stroessner abrió el diálogo:
– Todos los que estamos aquí somos colorados…-, comenzó diciendo, pero se calló, pues Cortessi le había demostrado con una mueca de que no era así, y aclaró: – Todos, menos los que están detrás -, refiriéndose a Fortunato Osorio y a Generoso Vivero. Se aclaró que ambos eran febreristas y la conversación prosiguió.
– ¿Ustedes no pueden hacer algo para evitar esto?-, preguntó el presidente, visiblemente preocupado.
– No – respondió Cortesi – porque estos son los que deciden; son los que tienen el control de los sindicatos-.
Stroessner asumió dos actitudes diferentes en el transcurso de la conversación: primeramente, trató de intimidar a los dirigentes sindicales, pero como se mantuvieron firmes en sus reclamos, después pasó a adoptar un tono conciliador, prometiendo inclusive cambios políticos, entre los cuales estaba la vuelta del líder febrerista, Rafael Franco, en ese entonces en el exilio.

No hubo entendimiento. El presidente insistió en seguir hablando, pero los dirigentes sindicales optaron por retirarse: eran las 23.30 del 26 de agosto; el inicio de la huelga estaba programado para las 00.00 horas del 27″.

Esa misma noche, tropas de las Fuerzas Armadas y efectivos de la Policía ya habían procedido a cercar el local de la central obrera, pero la huelga se inició puntualmente, a pesar de la amenazas y las acciones represivas. En el local de la CPT fueron detenidos 300 dirigentes y activistas sindicales, a la mañana del día 27. Para la tarde ya había 600 detenidos.

Durante el primer día, la paralización tuvo un acatamiento masivo en todos los sectores industriales, comerciales y de servicios esenciales, destaca Roberto Paredes. El día 27, al ser cercado el local de la CPT, los trabajadores se concentraron frente al local de la Liga de Obreros Marítimos, LOM; había entre 4.000 y 5.000 personas. Ese día se tenía que realizar una concentración pública en la Plaza Uruguaya, pero desde el amanecer el lugar público estuvo cercado por fuerzas militares y policiales.

Además de la fuerte movilización en la capital, los trabajadores del tanino también se manifestaron con mucha fuerza en la Región Norte.

En momentos de mayor represión, algunos de los manifestantes, huyendo de las patrullas, lograron refugiarse en el templo de la parroquia María Auxiliadora, en Asunción, manejada por la congregación de los Salesianos, donde el cura párroco, el sacerdote Ismael Rolón, les dio amparo. Rolón sería luego nombrado arzobispo de Asunción y se convertiría en uno de los religiosos más críticos al stronismo.
La paralización comenzó a ceder de manera sensible a partir del tercer día, en que algunos sectores volvieron a trabajar. La medida de fuerza se mantuvo firme hasta el 8 de septiembre, cuando los dirigentes llamaron a levantar la huelga.

Sectores empresariales nucleados en la Federación de la Producción, la Industria y el Comercio (FEPRINCO), se manifestaron abierta y terminantemente contra la medida de fuerza, alentando la represión.

El Partido Colorado justificó la negativa del Gobierno a conceder el aumento y caracterizó la movilización como “desestabilizadora”. No obstante, manteniendo un doble discurso, habló de la necesidad de mejorar la calidad de vida de los trabajadores.

El Partido Liberal condenó la movilización obrera.

Tras el enfrentamiento, Stroessner dispuso la intervención de la CPT, disolvió la conducción y nombró como interventor al caudillo colorado Enrique Volta Gaona, uno de los exponentes del sector llamado Guión Rojo y conocido por su adhesión a métodos represivos violentos. La mayoría de los dirigentes destituidos salieron del país y formaron la llamada CPT en el exilio, que prosiguió con su labor opositora desde el exterior, muy ligados a los miembros también exiliados del MOPOCO y de la ANRER.

Desde entonces, la CPT se convirtió en una central obrera oficial totalmente copada por el stronismo, cuyos dirigentes, en lugar de defender los derechos de los trabajadores, hacían propaganda del régimen y sofocaban cualquier movilización social.

“Intervenida la CPT no se calmaron las aguas, pues el peso que tenían en el movimiento obrero los febreristas y los social-cristianos, no se podía obviar. Enrique Volta Gaona, entonces, planteó una negociación con los social-cristianos, nucleados desde 1957 en el Movimiento Sindical Paraguayo, MSP. Los dirigentes del MSP le hicieron una contraoferta a Volta Gaona: ellos entrarían de nuevo a la CPT toda vez que también entrasen los febreristas. La propuesta se aceptó”, relata Céspedes

Cómo resurgió el sindicalismo independiente

En 1979, la CPT fue expulsada del seno de la ORIT/CIOLS (Organización Regional Interamericana de Trabajadores y Confederación Internacional de ORGANIZACIONES Sindicales Libres), por “defender más los intereses del Gobierno y de los empleadores que los de los trabajadores”.
En esa ocasión, Modesto Alí, entonces Secretario General de la CPT, trató de lavar la imagen internacional de esa organización y se unió al llamado Grupo de los 9, un núcleo sindical que buscaba mantener vivos a los pocos grupos obreros independientes que quedaban, según relata el sindicalista Víctor Báez Mosqueira.

Esa maniobra le costó a Alí ser sacado de la CPT por el Gobierno, colocando en su lugar a Sotero Ledesma, quien se haría celebre con una frase propagandística del stronismo en una entrevista periodística: “Vivimos en un país divino”.

“Las organizaciones sindicales, más o menos independientes, tenían los más diversos problemas de control policial. Sus dirigentes eran acosados por la sección obrera, dependiente de la Sección Política. Los “permisos” para las reuniones pasaban por la CPT, donde recibían el visto bueno y luego volvían a la Sección Obrera para la autorización final”, narra Báez Mosqueira, quien en los años 80 era secretario general de la Federación de Trabajadores Bancarios (FETRABAN), uno de los gremios más críticos contra el régimen.

Tras una serie de acciones sindicales contra despidos injustos por parte de grandes empresas protegidas por el stronismo, la FETRABAN, que tenía personería gremial reconocida y contaba con uno de los únicos locales sindicales propios, se convirtió en el punto de encuentro de los demás grupos obreros independientes, conformando comités intersindicales de solidaridad, hasta que se impuso la idea de crear una estructura más sólida y duradera.
Fue así como, en 1985 se creó el Movimiento Intersindical de Trabajadores, la que pronto pasó a convertirse en la más importante organización obrera durante la dictadura, que se mantendría movilizada durante toda la década del 80, hasta que finalmente, tras la caída del régimen, se convertiría en la Central Unitaria de Trabajadores (CUT).

Fuente: CNT / RedGlobe